Onimusha: Way of the Sword me ha sorprendido muchísimo, y gran parte de la culpa la tiene su combate.
Manejar la espada es una auténtica gozada. Las ejecuciones son brutales, los parrys se sienten genial y cuando tienes a varios enemigos encima y empiezas a bloquear, responder y encadenar ataques es cuando el juego está en su mejor momento. Y lo que más me ha sorprendido es que después de más de 20 horas nunca se me ha hecho repetitivo. Al contrario, conforme avanzaba me iba gustando más.
También entra muchísimo por los ojos. La ambientación de este Japón lleno de demonios funciona genial y hay escenarios que son una pasada. Aquí sí tengo una pega bastante clara: recicla algunos jefes. Hay enfrentamientos que funcionan muy bien la primera vez y que pierden bastante gracia cuando vuelves a encontrártelos.
Algo parecido me pasó con las zonas de miasma. Al principio mola ir limpiándolas, pero el juego repite demasiado esa estructura. No llegó a cansarme ni a hacer que se me hiciera largo —me ha durado unas 22-25 horas y me parece una duración perfecta—, pero sí creo que podrían haber variado un poco más.
La historia también me ha gustado. Partir de Miyamoto Musashi, un personaje histórico real, y llevarlo después a todo este rollo sobrenatural me parece una idea muy guapa. Eso sí, al principio hay bastante chapa. Muchas cinemáticas, bastante diálogo y momentos en los que solo quieres que te vuelvan a dar la espada. Por suerte luego se equilibra bastante más.
La exploración para mí ha cumplido. Tampoco soy una persona que vaya buscando absolutamente todo, así que agradecí muchísimo que el guantelete te avise cuando tienes cofres cerca. Me permitió encontrar bastantes cosas sin tener que estar revisando cada esquina del mapa.
Los puzles, en cambio, sin más. Están ahí, son sencillos y sirven para cambiar un poco el ritmo, pero no me voy a acordar de ninguno dentro de unos meses. Y con la banda sonora me pasa algo parecido: acompaña bien mientras juegas, pero no ha habido ningún tema que se me haya quedado especialmente grabado.
Al final, me quedo principalmente con una cosa: qué bien se siente jugar a Onimusha. Tiene detalles mejorables, recicla más de lo que debería y algunas cosas podrían haberse recortado, pero cada vez que empezaba un combate volvía a estar dentro.

