# Castlevania: Belmont's Curse: el placer de perderse sin prisas
Hay videojuegos que terminas porque quieres conocer el final. Otros porque ya has invertido demasiadas horas como para dejarlos a medias. Y luego están esos que, cuando parece que la aventura está llegando a su conclusión, consiguen que busques cualquier excusa para seguir jugando un poco más.
Eso es precisamente lo que me ha pasado con Castlevania: Belmont's Curse.
Hacía tiempo que un videojuego no conseguía despertarme tantas ganas de explorarlo absolutamente todo. De regresar a una zona que había dejado atrás, investigar un rincón sospechoso o dedicar una tarde entera a buscar secretos sin sentir que estaba perdiendo el tiempo.
Y creo que ahí está su mayor virtud.
**El regreso de una saga que tenía mucho que demostrar**
Castlevania llevaba demasiados años sin una nueva entrega en dos dimensiones. Mientras tanto, el género metroidvania ha seguido creciendo, evolucionando y ofreciéndonos algunos de los mejores videojuegos de los últimos tiempos.
Por eso, el regreso de una de las sagas que ayudaron a definirlo no era precisamente sencillo.
Desarrollado por Evil Empire junto a Konami, con el apoyo de Motion Twin, Belmont's Curse nos traslada al París de 1499, veintitrés años después de los acontecimientos de Dracula's Curse.
En esta ocasión controlamos a Rose Belmont, hija de Trevor Belmont, que deberá enfrentarse a las criaturas que han invadido la ciudad y descubrir qué se esconde detrás de esta nueva amenaza.
El punto de partida recupera el universo clásico de Castlevania, pero también permite que cualquier jugador pueda acercarse a la saga por primera vez.
Y eso me parece uno de sus grandes aciertos.
No necesitas haber jugado a todas las entregas anteriores para disfrutar de la aventura. Puedes descubrir a los Belmont, sus enemigos y su universo a través de un juego que funciona perfectamente por sí mismo.
**Un diseño de niveles que entiende lo que hace especial a un metroidvania**
Si tuviera que quedarme con una sola cosa de Belmont's Curse, sería su diseño de niveles.
El mapa está construido para despertar constantemente la curiosidad del jugador. Hay caminos que parecen llevar a ninguna parte, zonas inaccesibles que te obligan a recordar su ubicación y secretos que pueden permanecer ocultos si no prestas suficiente atención.
Y lo mejor es que descubrirlos resulta realmente satisfactorio.
No se trata simplemente de recorrer pasillos hasta encontrar una mejora. Se trata de aprender cómo funciona el escenario, comprender sus conexiones y empezar a reconocer posibilidades donde antes solo veías obstáculos.
A medida que conseguimos nuevas habilidades, lugares que parecían completamente explorados vuelven a ofrecer algo interesante.

